Montaña

La montaña risueña y adormecida, rodeada de un vaho caliente. De grandes caderas viste faldas llenas de vida. Abrazo su amplia base que vibra con el sonido de naceres y abosrbo el verde frescor, ella me abraza de vuelta. Ellos se burlan de lo ancha que es, de su torso rebozante, de sus curvas sinuosas, de su pereza y su pesadez. Pero no saben que de ahí viene su fuerza y su estabilidad. Bajita pero duradera, el perfume que exuda calma el corazón del más cansado de los viajeros. Cuando exhala, su húmedo aliento hace nacer ríos que fluyen por el cono de su enagua, alimentando a todos los suyos, refrescándolos y liberándolos de sus cargas. Entre sus brazos todo florece, ella tiene la energía revitalizada que sana, que ama, que acrecenta.

No les hagás caso, montañita linda. Porque el poder de tus piernas y el vigor de tu cuerpo es lo que nos mantiene vivos, caminando.

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