Fuera de la ficción

El fantasma que aqueja a la humanidad, aquel al que se le ha dotado de un rostro y de una figura corpórea: las muy conocidas parcas

No es únicamente cuestión de futbolistas o amarillismo, yo elegí el tema de la muerte por una lectura reciente. Sí, sigo sin poder encontrar algo que haga que el día de hoy sea el día de hoy, al menos en un sentido más generalizado. Para mí este tema marcó la semana completa…

 

El fantasma que aqueja a la humanidad, aquel al que se le ha dotado de un rostro y de una figura corpórea: las muy conocidas parcas. Es inevitable pensar de vez en cuando que se es mortal (cosa que, por incomodidad u obviedad no es necesario hacer constar en ninguna carta magna como si lo es en el caso del derecho a la vida). No obstante parece que esas inevitables ocasiones se presentan cada vez menos y a decir verdad desconozco del alcance de este defecto.

 

Érase una vez un país en el que todos se sentían inmortales… ¿o una generación?… ¿o una raza?… ¿o la totalidad de la especie humana?

 

No se apuntará a la típica perspectiva moralista que cuantifica las horas invertidas en la familia y las sopesa contra las horas dedicadas al trabajo, no es labor de nadie definir la fórmula para balancear las actividades del individuo. Lo que sí debiera atemorizar, no solo a los costarricenses, sino a todos en el globo, es el carácter efímero y frágil de la existencia. Creer en lo que se necesite, tomar las píldoras religiosas o antirreligiosas respectivas de manera que se llegue a tener fe en la vida despues de la muerte pero la pregunta que es capaz de helarle los huesos a aquellos que sí pueden dudar , ¿Y si no? ¿Y si no hay vida después de la muerte?

Sin más maquillaje o poesía, la muerte es el fin de la vida, es lo que espera a cada ejemplar del sapiens en el féretro, y si se acaba la vida, se acaba cada uno como individuo, se termina su personalidad, se agotan sus defectos y sus virtudes, no se sabrá más de sus ocurrencias y sus creaciones, es el fin de la persona y esto es todo lo que sabemos con certeza. Escalofriante es el carácter perecedero del humano y lo peor es su inconsciencia al respecto. Parece correcto no sólo pensar eventualmente en la muerte, suena además cuerdo asumir la condición de mamíferos, que sin importar la dosis extra de intelecto con la que se nos concibió, pereceremos igualmente.

Fuera de la ficción, fuera de los libros, fuera de las películas, fuera de los chismes y fuera de lo que le pasó al familiar lejano, sí señores y señoras, aunque la sensación de inmortalidad nos embriague de prepotencia, la muerte existe y sin duda alguna nuestro sistema fisiológico decidirá un día, sin pedir nuestra opinión que ya es tiempo de dejar de funcionar. Y para empeorar el golpe a nuestro amor propio, probablemente no conlleve epifanías, ni iluminación estelar, ni poesía ni flores; sólo muerte en seco, fuera de la ficción.

 

 

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